Antonio Castillo Algarra, el dramaturgo que manejaba la cultura y la educación en la sombra, se valió de sus contactos con la presidenta para impulsar su carrera

Antonio Castillo Algarra ha manejado estos años los hilos de la educación y la cultura en Madrid como asesor externo de Isabel Díaz Ayuso. Ejercía el poder en la sombra a través de gente cercana a él que había colocado en el PP y el Gobierno de Madrid, como el último consejero de Educac...

ión, dos directores generales claves y tres diputados en la Asamblea. Al tiempo, esta posición de privilegio ha impulsado su carrera como dramaturgo. Según unos contratos a los que ha tenido acceso EL PAÍS, su empresa, For the Fun of It, ha recibido más de 75.000 euros desde que Ayuso llegó a presidenta.

La líder madrileña ha vivido esta semana su mayor crisis interna a raíz de este asunto. Fulminó el lunes al consejero, Emilio Viciana, y a partir de ese momento se sucedieron las dimisiones y destituciones de los cercanos a Algarra, a los que en los pasillos de Sol se les conocía como los pocholos por su estética de jóvenes de barrio rico. Llegado el momento de escoger, han preferido marcharse y ser leales a Algarra antes que a Ayuso. El dramaturgo los puso y con él se van. El propio Algarra ha dimitido de su cargo como director artístico del Ballet Español de la Comunidad de Madrid, una compañía cuya creación propuso él a la presidenta. En cuestión de horas, quedó al descubierto la capacidad de influencia de un asesor sin cargo y sin experiencia en gestión educativa pública.