Se debe asumir el fracaso y la caída definitiva de la LESUC una vez salen de la ecuación los artífices y defensores de la misma

Las universidades públicas madrileñas no tienen tiempo que perder, no. En un año en el que hay más estudiantes de Medicina matriculados en universidades privadas, pagando una media de 20.000 euros anuales, que en universidades públicas, el tiempo se agotó. Cuando Madrid ...

sigue siendo la comunidad con el profesorado peor pagado, con tasas de temporalidad que doblan las del maltrecho sector hostelero, con las matrículas más altas, con menos becas por estudiante, que menos invierte en ciencia, que más talento expulsa, cuando todo eso ocurre en la comunidad más rica de España y en una de las más ricas de Europa, y cuando pese a esa asfixia una única universidad madrileña, la Complutense, produce más tesis doctorales que 46 universidades privadas, todas las de España, juntas, entonces se puede decir, sí, que el tiempo se ha acabado. Se acabó en realidad hace mucho tiempo, pero cristaliza hoy con la caída de una consejería casi al completo.

Con los ceses y dimisiones desaparece el equipo de Educación al que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, encargó elaborar, redactar y defender la LESUC, acrónimo de la Ley de Enseñanzas Superiores, Universidades y Ciencia, que la presidenta calificó como el proyecto estrella de su legislatura. Un equipo sale, pero la asfixia a las universidades continua; un equipo nuevo entra, y la asfixia a las universidades tiene que acabar. La nueva consejera tiene que aclarar cómo va a girar el timón que ha llevado a una crisis de gobierno de esta magnitud.