Meliá ha retrasado gran parte de sus vencimientos de pasivo más allá de 2030 y la matriz de NH sacará a bolsa un instrumento inversor para comprar hoteles
Las grandes cadenas hoteleras cerraron el pasado ejercicio con récord de ingresos y beneficios y afrontan un 2026 que ha empezado con el mismo pulso positivo que el ejercicio anterior. Todas se preparan para ampliar sus carteras o renovar sus activos más antiguos, aunque el punto de partida no es el mismo. Tres de ellas (Barceló, RIU e Iberostar) tienen una posición financiera muy saneada, con poca deuda y bastante caja, mientras que otras dos (Meliá y la antigua NH) arrastran un gran volumen de pasivo al haber primado los contratos de alquiler y gestión frente a la propiedad (Meliá solo es propietaria del 13% de sus 93.500 habitaciones, porcentaje que se eleva al 21% en el de las 55.574 habitaciones de NH).
Al cierre del tercer trimestre, la deuda financiera de Meliá, contando los contratos de alquiler, ascendía a 2.175 millones de euros, mientras que la NH era de 2.045 millones al cierre del primer semestre de 2025 (la empresa dejó de cotizar en España y no presenta resultados trimestrales desde esa fecha). El objetivo prioritario de ambas en el arranque de este ejercicio es cumplir escrupulosamente con sus objetivos de reducir el pasivo y al mismo tiempo despejarse el camino para no perder la estela inversora de la competencia. Barceló seguirá invirtiendo 500 millones de euros al año, tal y como ha hecho en los tres últimos ejercicios, Iberostar ha anunciado un gasto de 1.000 millones en tres años y Riu prepara seis macrorreformas que va a acometer este año, combinadas con tres aperturas en Reino Unido, Tailandia y Zanzíbar. Una gran parte de los proyectos de esas tres compañías son activos en propiedad, que no computan como deuda.






