El equipo noruego, revelación del campeonato, golea 3-1 al tosco cuadro italiano con un fútbol brillante y dinámico
Tuvo que ir el Inter de Milán a tirar centros al Círculo Polar Ártico para que el mundo descubriera que los hombres hiperbóreos de mítica fama panzer no son gigantes rubios que se imponen por la fuerza de su armadura sino por la máxima expresión de la actividad cognitiva. Con la cabeza juega el Bodo, pero para usar los pies a toda velocidad. Piensan antes de recibir la pelota Berg, Fet, Blomberg, Hogh, pero sobre todo Evjen y Haugue. A dos toques, a uno, sin detenerse, sin dejar de desplazarse, arriba y abajo del pequeño campo de hierba artificial que entre todos este miércoles convirtieron en un infierno para el Inter. Sobre la moqueta el balón giraba que daba miedo en un vértigo de asociaciones. Venían de ganarle al Atlético en el Metropolitano. Son el cuadro revelación.
Dirigidos por el flaco Evjen, 1,78 de estatura, un tipo normal, los jugadores de este club de sagas familiares demostraron que el 3-1 que le metieron al City hace un mes no fue casualidad, sino el penúltimo peldaño de una evolución impresionante que les colocó en la ida del play off de la Champions. Ahí también cayó el Inter, otra vez 3-1 ante el revoleo de las bufandas amarillas en un graderío con aforo para 8.000 noruegos felices. Encantados con el show por más que la temperatura rondaba los cinco grados bajo cero y la sensación térmica los siete bajo cero después de un temporal que el fin de semana cubrió el terreno de juego con 80 toneladas de nieve.














