La Junta y el pequeño municipio de Santa Ana de Pusa chocan por la instalación. “Yo no tengo por qué saber si es o no una zona ZEPA”, dice el alcalde

Se despejan las sospechas que para los ecologistas estaban más que claras. La vía ferrata instalada en el cauce del río Pusa, en Toledo, vulnera la normativa que protege el entorno. La Junta de Castilla-La Mancha ha pedido al Ayuntamiento de Santa Ana de Pusa (345 habitantes, Toledo) que retire los elementos que conforman la vía y que organizaciones como Ecologistas en Acción y Esparvel habían denunciado por alterar el entorno e invadir un ecosistema altamente sensible. Según la información a la que ha tenido acceso EL PAÍS las comprobaciones técnicas realizadas por la Delegación Provincial de Desarrollo Sostenible, a través de los agentes medioambientales, determinan que la instalación, que lleva aparejadas varias tirolinas, “es incompatible con la conservación de los recursos naturales de la zona”.

El procedimiento puesto en marcha por el Gobierno regional el pasado mes de noviembre confirma lo que ya decían estas organizaciones: que la instalación vulnera el plan de gestión de la ZEC/ZEPA Ríos de la margen izquierda y Berrocales del Tajo, incluida en la Red Natura 2000, y que prohíbe este tipo de actuaciones en el entorno en la que justamente se instaló: una zona del río que discurre encañonada, conocida como La Estrechura, de alto valor paisajístico y en la que, según Ecologistas en Acción, habitan especies protegidas como el águila imperial, la cigüeña negra, la nutria o el búho real. El Ejecutivo de Castilla-La Mancha ya ha trasladado sus conclusiones al Consistorio de Santa Ana de Pusa para que “adopte las medidas oportunas que devuelvan al espacio su estado original”.