Un libro híbrido de foto y texto, editado ahora en España tras el éxito en Chile y Argentina, que trata con entereza vital y belleza literaria la muerte de aquellos a los que amamos

Ahora está en boca de todos nuevamente el filósofo Walter Benjamin por culpa del aura. El aura, el aura. Por Dios, ¡toda esa autoindulgencia exagerada! Con lo bonito que es decir encanto o hechizo. ¿Por qué no acudir a un concepto alejado de lo filosófico para decir que algo nos atrae por cómo se comporta en el mundo? Es simple, a veces no se puede y una ha de ejercer de cumbiera intelectual, citar a un pensador por aquí, a otro erudito por allá, que se note la licenciatura. Así que sí, se podría decir que ¿Por qué son tan lindos los caballos?, la obra de Julieta Correa, tiene aura, convoca la vida y es testigo de una muerte real, la del lenguaje. Este libro es un imán para gente como yo, esa clase de persona que dice que ve la tele leyendo La confesión, de María Zambrano.

Correa nos regala un texto marcado por un estilo oral y discreto que rezuma elegancia y materialidad. Sobre todo, dinamismo y humor. Su escritura es envidiable: se hace cargo de los códigos del hoy sin renunciar a la tradición. La autora se desdobla para narrar una historia íntima: su madre, Sari, tiene una personalidad hecha de palabras e imágenes. Como está perdiendo ambas a causa de una demencia, está desarmándose poco a poco. Así que no, no es lo mismo decir aura que encanto ni demencia que demencia de Pick. Por lo tanto, la premisa a explorar es clara: el uso de la lengua por alguien tiene un destino, vivir y morir con cada uno. El libro de Julieta Correa es un libro tremendo sobre la muerte de los demás y la propia. Además, el imaginario ecuestre de Sari es lo más hermoso que yo haya leído recientemente, todas esas imágenes al galope, ese aire del campo, los caballos.