La alta jerarquía chavista recela de que el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino y otros mandos no dejen paso a nuevas figuras tras el fracaso de la Operación Resolución Absoluta
El malestar ya no se disimula en los pasillos y despachos de muchos cuarteles de Venezuela. En la cúpula de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) se ha abierto una conversación incómoda, aunque discreta, sobre continuidad, relevo y desgaste. Incluso sobre estabilidad. Interlocutores de la alta jerarquía militar venezolana hablan a EL PAÍS de un “descontento brutal” ante la prolongada permanencia de la actual cúpula y, en particular, del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, que cumple casi 12 años al mando.
La palabra que más se repite en esas conversaciones es “oxigenación”. Tras más de una década con la misma figura al frente de las fuerzas armadas del país, los mandos militares se quejan del “tapón” en la línea de ascensos que supone la permanencia de Padrino y de otros comandantes responsables de la seguridad del país. Las fuentes consultadas atribuyen ese tapón al Comandante Estratégico Operacional, el Comandante General del Ejército o el responsable del REDI de Caracas.
El malestar tiene además un componente de rendición de cuentas. ¿Por qué figuras clave para la seguridad del país –incluido el ministro de Defensa— continúan en sus despachos después del ataque estadounidense del 3 de enero? ¿Por qué no han puesto sus cargos a la orden si “han fracasado en su misión”?, ¿Por qué no han dado explicaciones?, se preguntan. “Su no renuncia es vista como escandalosa por el generalato”, asegura un interlocutor con la jerarquía militar.






