Diferente por completo a los emiratos y reinos vecinos, este país, con sus montañas, desiertos, playas en el Índico, castillos y oasis, es la nueva gran atracción turística en Oriente Próximo
“Las palabras humildes son mejores que un regalo”, me dijo un omaní cuando le pregunté el porqué de la extrema amabilidad de las gentes de este sultanato situado al sur de la península arábiga. Y es que la cordialidad y la seguridad que encuentras cuando viajas por Omán llaman tanto la atención como el blanco impoluto y el planchado perfecto de las dishdashas que visten los hombres; sea la hora del día que sea, parece que los omaníes acaban de salir del sastre.
Omán es el Estado más antiguo del mundo árabe y uno de los más antiguos del mundo: fue fundado en el año 751. Conserva una cultura y una identidad propias que le hacen muy diferente de otros reinos y emiratos de la región. El sultán Qabús, un hombre prudente e ilustrado que gobernó el país desde 1970 hasta su muerte en enero de 2020 —y al que aquí se le venera como al gran padre— decidió que los ingresos del petróleo se invertirían en mejorar las infraestructuras, crear una sanidad y una educación públicas y gratuitas y mejorar las telecomunicaciones y el ejército en vez de invertirlo en rascacielos, arquitectura ultramoderna o centros comerciales mastodónticos, como sus emiratos vecinos. Por eso lo primero que se percibe al llegar a Omán es autenticidad.







