El historiador británico Simon Schama reflexiona sobre nuestra relación con la naturaleza a través del vínculo con las aves en el museo Mauritshuis de La Haya
El hombre pájaro de la pintura paleolítica hallada en 1940 en la cueva francesa de Lascaux. Águilas, halcones o buitres, algunos entrenados para la caza y otros temidos. Pájaros metidos en jaulas. Palomas mensajeras y de la paz, y la tercera persona de la Trinidad: el Espíritu Santo. Los esquemas de las máquinas de volar de Leonardo da Vinci. Hasta los ángeles se ganaron sus alas en cuerpos humanos en la iconografía del Renacimiento. Nuestra relación con las aves, dotadas de simbolismo y poderes más allá de la vida, ha inspirado al arte desde hace miles de años. Su vuelo equivale a libertad, pero también son trofeos y fuente de alimento en la avicultura intensiva. Simon Schama, el famoso historiador británico, dice que “no hay otra criatura que haya sido adoptada de manera tan amplia por los artistas”. Para reflexionar sobre el vínculo con la naturaleza a través de ellos, ha comisariado una muestra titulada Pájaros en el Museo Mauritshuis, de La Haya, abierta hasta el 7 de junio.
Schama toma de la mano la imagen de un humilde Jilguero cautivo, pintado en 1654 por Carel Fabritius, el alumno más aventajado de Rembrandt, para “invitar” a diversas aves de distintas épocas y analizar cómo encarnan emociones y creencias humanas desde la Prehistoria. El significado del hombre pájaro de Lascaux sigue siendo un enigma. ¿Es una escena de caza? ¿Tiene algo que ver con el chamanismo? Schama lo cita durante la charla previa a la visita de la exposición, y recuerda otro ejemplo: el búho grabado en piedra hace unos 35.000 años en la cueva Chauvet-Pont-d’Arc, al sureste de Francia. “Alguien necesitó la compañía del ave rapaz, y ahí está, tal vez como un guardián protector. O quizás para alertar de su peligro, porque el búho puede ver de noche”, señala.






