Víctor López Cotelo, Teresa Couceiro, Juan Navarro y Josep Llinàs ensalzan el legado del maestro del movimiento moderno a tres décadas de su fallecimiento

Víctor López Cotelo recuerda bien las primeras palabras que le dedicó su maestro. Causaron en él una profunda impresión y aún hoy resuenan como un eco que ha atravesado décadas sin extinguirse. “La arquitectura no tiene nada que ver con el gusto”, cuenta que le espetó en clase Alejandro de la Sota. “Ahí estaba resumido todo su pensamiento: esta profesión consiste en resolver problemas, no es cuestión de estilo”, aclara frente al tablero de su mentor, prócer de la arquitectura española del siglo XX. Tras haber sido su alumno, entró a trabajar con él en 1972 y formó parte durante siete años de su estudio. La misma entreplanta del barrio de Chamberí (Madrid) por la que más tarde fueron desfilando otros futuros Premio Nacional y Medalla de Oro de la Arquitectura como Juan Navarro o Josep Llinàs. Teresa Couceiro custodia aquí el legado documental del maestro, de cuya muerte se cumplen tres décadas este sábado.

Los distintos discípulos del arquitecto de Pontevedra (1913-1996) se apegaron a su verdad, pero a través de un camino propio en el que se han topado con numerosos reconocimientos. Catedrático de la Universidad Técnica de la ciudad de Múnich, donde participó en la construcción de la villa olímpica, López Cotelo emprendió junto a De la Sota una “búsqueda de lo esencial más allá de las modas y el mercado”. Esta libertad creativa tuvo un precio para el maestro, que vio cómo muchos de sus proyectos acababan guardados en un cajón. Tuvo que cerrar el estudio en dos ocasiones para retomar su vieja plaza de arquitecto funcionario en Correos ante la falta de encargos. Buena parte de su obra es resultado de los primeros concursos públicos que empezaban a surgir en los sesenta con la recuperación económica del país. Desde el Gobierno Civil de Tarragona y la Facultad de Matemáticas de Sevilla hasta el Colegio Mayor César Carlos de Madrid.