Lluís Auquer, fundador del estudio catalán Auquer Prats, vive en la cima de una pequeña colina en el pueblo de Rupià
“Esta casa es una casualidad, es como si hubiese nacido sola. En mi trabajo no intentes buscar un estilo, quizá por eso nunca me han dado ningún premio”. Lluís Auquer (Verges, 74 años), arquitecto fundador del estudio Auquer Prats junto a Ferran Prats, su primo, compañero y socio hasta su fallecimiento hace dos años, nos recibe un viernes de finales de julio en su propio hogar, la Casa de Fang. Está llena de familia, niños y amigos: su hijo Enric resuelve un sudoku en la misma mesa, enfrente, y hay un follón delicioso y veraniego. Situada en la cima de una pequeña colina, en el pueblo gerundense de Rupià, la casa está rodeada de un bosque de encinas. “El clima y la vegetación eran perfectos y permitían diseñar una vivienda que cumpliera con las condiciones geomorfológicas que Vitruvio consideraba buenas para el establecimiento de una villa romana”, explica el arquitecto.
Auquer utilizó el fang (barro en catalán) como material principal. “Como iba a estar dentro de un bosque, quise hacerla con un espíritu constructivo primitivo. Las culturas arcaicas como los íberos, los amaziges del norte de África, los etruscos... construían básicamente con barro. Fui a buscar albañiles al Atlas marroquí que supieran convertir el barro en paredes de tapia. Lo que pretendía era levantar un edificio que se integrara totalmente en el lugar y con el material que pudiera proporcionar el propio emplazamiento”, explica. A esta tierra le sumó maderas, cal y caña local, todas en su tono natural —en esta casa no hay colores, pero sí texturas—, de nuevo materias tradicionales que ha recuperado y son marca de su práctica: una arquitectura sencilla pero culta y reflexiva. “No me importa no ser un moderno”, afirma.






