Todo empezó con una caravana aparcada al borde del mar. En 1959, el promotor suizo Carlos Pradel llegó a la ciudad de Alicante con su familia. El terreno donde acampó era entonces una estrecha franja de costa sin urbanizar a los pies de la Serra Grossa sobre la que, años después, construiría uno de los conjuntos residenciales más ambiciosos del Levante español: La Albufereta.

Sobre Pradel se conoce poco. Sabemos que vivió en varios países antes de llegar a España, que supo moverse bien en los despachos de la España franquista y fue admirado por aquellos cercanos a él por su generosidad y contribuciones a la comunidad local. Pero también que tenía una visión muy clara: construir un barrio moderno, funcional y abierto al Mediterráneo. Para ejecutarla, contrató al joven arquitecto Juan Guardiola Gaya, discípulo de Francesc Mitjans, figura clave del racionalismo catalán. Guardiola proyectó un barrio diferente. Apostó por principios de sostenibilidad y diseño bioclimático que hoy se considerarían adelantados: una orientación precisa, ventilación cruzada, terrazas profundas que protegieran del sol, y un urbanismo de alta densidad pensado para el peatón y compuesto por pasarelas voladas que resolvían la escarpada orografía.