El plan urbanístico de Benalúa Sur, una zona sumida en la degradación, sigue sin arrancar hasta que no se definan los usos de las harineras que hace un siglo surtían a toda España
Al puzle del sur de Alicante, frente al puerto y junto a una de las salidas de la ciudad, le faltaba una pieza. Era el remate final de uno de los barrios históricos del entramado urbano, Benalúa, una zona de descampados que permanecía degradada, con el único aliento de dos fábricas de harina y un centro escolar. En 1998 se activó el plan parcial para su transformación en un nuevo barrio, Benalúa Sur, que desde 2013 va llenando el área de edificios panelados en blanco y gris que albergan viviendas de gama alta. Sin embargo, tres décadas después, sigue ...
en suspenso. Apenas se ven vecinos por las calles, no hay comercios, ni siquiera un solo bar. Todo queda pendiente de una sola manzana, la que ocupan las dos harineras, Cloquell y Bufort, edificios históricos de los años treinta cuyo futuro está sometido a los vaivenes y lastrado por la lentitud del urbanismo municipal. “Nos da miedo que esto se quede así, que las harineras se sigan descomponiendo y al final no se haga nada”, comenta Lorenzo Pérez, presidente de la asociación de vecinos del colindante Parque del Mar.






