Edwin Urrego afirma que desde hacía meses sabía que su cargo pendía de un hilo por desavenencias con el ministro Benedetti

En la sala de su casa en Cali, lesionado tras una caída, el general Edwin Urrego recibió en el celular un video que terminaría por finiquitar su carrera. Al menos, de momento. En la pantalla, el presidente Gustavo Petro hablaba de sabotajes, de conspiraciones para arruinar su reunión con Donald Trump, de un supuesto plan para sembrar droga en su vehículo presidencial. E indirectamente lo señalaba. Inmovilizado, vio cómo su cargo y su reputación se desmoronaban.

“Me sorprendí, porque esa información, no importa por dónde uno la analice, carece de veracidad”, cuenta por teléfono a EL PAÍS desde ese mismo sofá donde vio el mensaje que lo llevó sorpresivamente a todos los titulares.

Urrego, que lleva dos días sin despegarse de su teléfono y sin parar de hablar con los medios, no quería dar esta entrevista. “Quienes me asesoran legalmente me han recomendado que no hable más”, se disculpa. Al final accede, aunque mide cada palabra.

El señalamiento de Petro no fue directo, pero bastaron un par de frases para que los periodistas ataran cabos. “Eso tiene que ver con usted. Le allanaron su casa. Era para eso”, dijo el presidente, mirando a su ministro del Interior, Armando Benedetti. Urrego fue quien coordinó a los oficiales que participaron en el registro de la casa del ministro en Barranquilla, en noviembre del año pasado, un episodio que enfureció a Benedetti.