El mercado espera que en los próximos días o semanas se clarifique el futuro de la cúpula de Enel y, a partir de ahí, se decida sobre la dirección de su filial en España y Portugal
Corría el mes de mayo de 2023 y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, daba su brazo a torcer. Abierta en canal la designación de consejero delegado de Enel, tras cumplir Francesco Starace su tercer mandato de tres años al frente de la firma estatal y descartarse su continuidad, el elegido del Gobierno para asumir el cargo era Flavio Cattaneo, un viejo conocido del ecosistema empresarial público italiano tras su paso por la Rai o Telecom Italia. Fuentes conocedoras de aquel episodio, próximas a la compañía transalpina, subrayan que el primer candidato de Meloni, probablemente, no era Cattaneo, más vinculado entonces por los círculos financieros italianos a Matteo Salvini, su socio de gobierno y cabeza visible de la Liga. La carambola, empero, ha dado sus frutos.
Un trienio después, los números no mienten. Cattaneo ha cumplido con creces con su fama de avezado gestor, superando los objetivos marcados. Enel ha superado ampliamente los 9 euros por acción en Bolsa, acercándose a la cifra redonda de los 100.000 millones de capitalización, cuando apenas llegaba a los 6 euros cuando el ejecutivo nacido en Rho, en las proximidades de Milán, accedió al cargo. Por el camino, ha regado de dividendos al Estado italiano, que posee casi el 24% del capital, y ha ahuyentado los malos augurios empeñados en poner el foco en la deuda financiera de la firma. No obstante, pese a esa imponente hoja de servicios y con su mandato a punto de vencer, el Ejecutivo aún no ha confirmada su renovación, con hitos importantes para la compañía en el horizonte. Las ondas sísmicas de ese inopinado retraso, además, acechan a España y a Endesa, de la que Enel es propietario. La solución al sudoku no debería prolongarse en el tiempo.








