La FAO denuncia que estas prácticas generan riesgos para la biodiversidad, la salud y la economía y piden un etiquetado armonizado y mejorar la trazabilidad

El pescado que hay en su plato puede no ser lo que le han vendido: atunes a los que le ponen un colorante para que parezca más fresco, surimi que se hace pasar por cangrejo, un pargo que oculta una tilapia (más barata). La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) acaba de publicar un informe que, a partir de diferentes estudios, estima el fraude en el mercado del pescado mundial en uno de cada cinco pescados y mariscos —muy superior al de carnes y verduras—. La entidad de la ONU considera que estas prácticas pueden generar riesgos para la biodiversidad, la salud y la economía y pide un etiquetado armonizado y mejorar la trazabilidad de las especies.

“Ese 20% de fraude se basa en una serie de estudios locales —es muy complicado obtener una estadística global— y se distribuye por toda la cadena de valor, desde el productor que dice que tiene un salmón del Pacífico cuando es criado, hasta el supermercado que cambia la fecha de caducidad de un producto”, explica Manuel Barange, subdirector de la FAO y director de la división de Pesca y Acuicultura.