El PP y el PSOE no pueden hacer como si no tuvieran ninguna responsabilidad en el ascenso electoral de Vox

Dos elecciones autonómicas adelantadas y celebradas en apenas mes y medio han tenido como principal derivada política, más allá de la renovación de los Parlamentos de Extremadura y Aragón, fortalecer las posiciones y la legitimación como partido de gobierno de Vox, una formación de ultraderecha que alardea de cuestionar algunos de los consensos básicos de la democracia liberal y de la Constitución española. Frente a esa realidad, resulta preocupante que ni el PP ni el PSOE hayan hecho, en especial tras los comicios aragoneses del domingo, la menor autocrítica y se hayan embarcado, de nuevo, en un estéril cruce de acusaciones sobre quién es el responsable de haber regalado dos espléndidos resultados a la extrema derecha.

El principal debate político que vive hoy Occidente es cómo socialdemócratas y conservadores, las corrientes que han construido las democracias liberales en Europa, hacen frente al avance de una reacción populista que cuestiona el sistema mismo y solo ofrece respuestas demagógicas a problemas complejos. Ni el PP, preso de su obsesión antisanchista tras quedarse a las puertas de La Moncloa, ni el PSOE, muy debilitado autonómicamente y cuya estrategia empieza y acaba en las políticas del Gobierno, han logrado impedir que Vox sea ya el tercero en discordia en cualquier elección en España.