El traje del puertorriqueño en la Super Bowl, elaborado a medida por el gigante de Inditex, enciende el debate entre quienes habrían preferido un diseño de una firma de lujo y quienes defienden el valor democrático del gesto
La actuación de Bad Bunny en el intermedio de la Super Bowl estuvo marcada por la reivindicación de lo latino en un contexto de creciente xenofobia trumpista, un gesto épico y, como afirma el editorial de EL PAÍS de hoy, “una intervención política en el centro mismo del relato estadounidense“. Por ello, debatir la elección indumentaria del puertorriqueño podría parecer algo frívolo, de no ser porque la moda, como la música, también permite entender el presente a través de sus cambios. Bad Bunny eligió vestir de Zara, el gigante español de la moda accesible, y las reacciones —eufóricas, por tratarse de una firma popular en el espectáculo más grande del mundo, o desilusionadas, precisamente por eso— no tardaron en aparecer.
Derek Guy, el experto en estilo masculino y sastrería tras la cuenta @die_workwear, se mostró “decepcionado al saber que Bad Bunny vistió Zara, difundiendo la marca a millones de personas. Aunque Zara ha hecho esfuerzos admirables para abordar las condiciones de trabajo, la moda rápida nunca puede ser ética porque depende de la producción rápida y los precios baratos, lo que resulta en explotación laboral”. Otros centraban su atención en el valor simbólico: un evento de esta categoría, sostienen influencers como @boringnotcom, una cuenta anónima de Instagram con más de 51.000 seguidores pero mucho predicamento en los círculos de la moda, describía el look blanco como “aburrido”. “Una total decepción, y no porque sea Zara”, argumentaba, sino porque carecía de riesgo.















