Toda tecnología trae consigo efectos imprevistos, pero no hay evidencia de que haya aprendido a mentir o que pueda tomar decisiones
El 20 de enero de este año, el historiador Yuval Noah Harari, autor del best-seller Sapiens, impartió una conferencia en el Foro Económico Mundial de Davos bajo el título “An Honest Conversation on AI and Humanity” (Una conversación honesta sobre la IA y la humanidad). Allí sostuvo que la
/yoshua-bengio-premio-turing-hay-evidencia-empirica-de-ias-que-actuan-contra-nuestras-instrucciones.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/ciencia/2026-02-03/yoshua-bengio-premio-turing-hay-evidencia-empirica-de-ias-que-actuan-contra-nuestras-instrucciones.html" data-link-track-dtm="">inteligencia artificial (IA) está dejando de ser una herramienta para convertirse en un agente autónomo capaz de aprender, dominar y manipular el lenguaje, reorganizar las estructuras de poder por sí mismo y reemplazar a los humanos en todos aquellos ámbitos relacionados con las palabras. Muchas de sus afirmaciones resultan infalsables, ya que no hay manera de probarlas o refutarlas. Lejos de la honestidad, la charla promovió una visión alarmista y empíricamente infundada de la IA, sobrevalorando y distorsionando sus capacidades reales.






