El 30 de noviembre de 2022, día en que ChatGPT desembarcó en nuestros terminales, Sadin no pudo conciliar el sueño. El filósofo francés, voz de referencia en la resistencia ante el cambio tecnológico desbocado, considera que la inteligencia artificial es una catástrofe que debería haberse prohibido: amenaza la creatividad, el talento y el intelecto, es decir, las bases de la civilización humana
Éric Sadin (París, 1973) se levanta y da vueltas por el salón de su apartamento parisiense cuando algún argumento le apasiona. Su propia voz le anima a hacerlo. Ha desarrollado un pensamiento crítico, plagado de titulares y bellos análisis sobre el futuro que cabalgan el pensamiento filosófico y social del último siglo para llegar a una conclusión lacerante en una decena de li...
bros. Nos hemos vueltos idiotas y vamos camino de serlo todavía más. Lejos de estar amenazados por una inteligencia suprema que nos aterrorizará, como aquel Skynet de Terminator —“es un pensamiento de adolescente retrasado”, matiza todavía de pie—, estamos sometidos por nuestra propia pereza, que terminará entregando las armas —intelectuales y creativas— a la inteligencia artificial generativa.
Sadin es uno de los 10 principales pensadores tecnológicos del mundo escogidos recientemente por un jurado de Ideas. El martes nos recibe en su apartamento del barrio parisiense de Belleville. Acaba de hornear tres croissants y tiene una pila de papeles con argumentos sobre la mesa donde se realizará la entrevista. Una década antes de la publicación en 2020 de La era del capitalismo de vigilancia, de Shoshana Zuboff, Éric Sadin ya había advertido sobre el control social derivado de las tecnologías digitales en Vigilancia global: investigación sobre las nuevas formas de control.






