Los centros veterinarios alertan de un aumento de los casos de canes intoxicados con alcohol o psicoactivos después de ingerir heces de personas que han consumido

No hay manera de decirlo delicadamente: la mierda que se come una perra Jack Rusell en la película española Sirât tiene restos de ácido lisérgico. Cuando el hijo del protagonista la encuentra tirada en el suelo, uno de los viajeros dice entre carcajadas “se ha comido la mierda con LSD”, mientras acusa a uno de sus compañeros de fiesta de no haber enterrado su excremento. Esta secuencia del filme —candidata a los Oscar— algo surrealista, es cada vez más una realidad para dueños de perros en Madrid. En el centro de urgencias veterinarias Reina Cristina...

, el colegiado Abraham Pascual destaca que atienden hasta cuatro casos semanales similares, con mayor incidencia los fines de semana: “Es la intoxicación que más vemos”.

Tal fue el caso de Paula Valdeón, dueña de Balkis. Valdeón cuenta que, al pasear a su perra una noche por Madrid Río, la dejó suelta “un momento”, entre las horas permitidas por la normativa municipal para que los perros paseen sin correa —19.00 a 10.00—. En ese ínterin, la cachorra de podenco andaluz desapareció entre los arbustos. Poco después, regresó con restos de heces humanas en el hocico: “No es la primera vez que ocurre”, explica la dueña, “ya sé identificar por el olor si la mierda es humana”.