La Policía Municipal ha descubierto 15 casos en los últimos tres años en la capital
Son un peligro creciente. En un momento en que cada vez más personas compran o adoptan un perro, las guarderías caninas se han convertido en un negocio cada vez más lucrativo. Pero junto con el dinero llega la ilegalidad. De un tiempo a esta parte, también son cada vez más numerosas las guarderías clandestinas de perros que funcionan desde viviendas particulares. Lo hacen sin licencia ni supervisión, y se promocionan en redes sociales con tarifas muy por debajo del mercado. En los últimos tres años, la Policía Municipal ha intervenido al menos 15 de estos negocios clandestinos en Madrid. En el mes de septiembre, en el madrileño barrio de Hortaleza, en Manoteras, la Unidad de Medio Ambiente de la Policía Nacional inspeccionó un piso de 70 metros cuadrados donde se localizaron siete perros en condiciones deplorables. A los responsables se les ha impuesto una sanción inicial de 5.000 euros, que podría alcanzar los 50.000 en caso de reincidencia. “La proliferación de guarderías informales es real y cuantificable: estimamos cerca de 5.000 cuidadores no registrados y denuncias que se disparan en periodos vacacionales. La saturación de los servicios reglados y la confianza ciega en aplicaciones han creado un mercado sumergido que pone en riesgo el bienestar de los animales cada vez más”, asegura un portavoz de la Comisaría de Medio Ambiente de la Policía Municipal.






