Varias escritoras de éxito como Naomi Klein, Carmen María Machado o, en su día, Carmen Martín Gaite se quejan de que no se diferencia a unas de otras, confundiendo constantemente sus nombres con otros parecidos
Cuando a la escritora estadounidense Carmen Maria Machado la confunden con María Corina Machado lo cuenta con resignación. Hace unos días publicaba en redes sociales un pantallazo: un medio se refería a ella como premio Nobel de la Paz y frustrada candidata a la presidencia de Venezuela. “Me gustaría poder decir”, señalaba, “que no es la primera vez que pasa”. Al hilo de los comentarios al post, confesaba que en una ocasión la BBC la había llamado para obtener declaraciones en primicia de la líder de la oposición venezolana. La...
similitud entre sus nombres provoca a menudo, en medios anglosajones, este error garrafal.
El episodio se suma a una larga tradición de confusión a la hora de citar nombres de mujeres en el ámbito público. Naomi Klein dedicó su último libro, Doppelganger: Un viaje al mundo del espejo, al constante intercambio que se genera entre su nombre y el de otra escritora, Naomi Wolf; confusión agravada por la deriva de esta última hacia un discurso conspiracionista sobre la pandemia de COVID. El libro parte de una escena real en la que Klein escucha en un baño público la conversación de dos personas que la critican a ella por declaraciones que ha hecho Wolf. Es solo el principio: las equivocaciones se multiplican. Dos escritoras activistas en polos ideológicos opuestos, salpicadas por innumerables alusiones en redes sociales y prensa, en las que se atribuye a Klein las indocumentadas diatribas de Wolf, antaño notoria por un ensayo feminista, El mito de la belleza. Hasta circuló una estrofa que decía: “If your Naomi be Klein/ You’re doing just fine./ If your Naomi be Wolf / Oh buddy, big oof” [“Si tu Naomi es Klein/ Por ahí vas bien/ Si tu Naomi es Wolf/ Oh tío, bajón”]. Lo que podría parecer anécdota se convierte en premisa para una honda reflexión sobre la creciente virulencia de discursos retrógrados en los últimos años, y la figura del doppelganger, el doble, como metáfora en la era de las proyecciones identitarias en redes sociales. Pero sin renunciar al humor acerca de la “nebulosa de Naomis” en la que muchos interlocutores la han colocado. “Antes de que todo esto tomara un cariz tan político:”, dice Klein, “tenía la teoría de que […] la primera Naomi con la que alguien se cruzaba tendía a quedarle grabada en la mente como una Naomi universal”. Así solía explicarse la cantidad de veces que la han presentado en platós y auditorios con el nombre de otra Naomi, la top model Campbell. Hasta el punto de que en una tertulia televisiva entre el político griego Alexis Tsipras y el filósofo esloveno Slavoj Zizek, el primero afirmó que el orden mundial estaba intentando implementar “una doctrina del shock, como dijo Naomi Campbell”.






