Algunos palestinos que salieron hace meses para recibir atención médica regresan a una Franja devastada para reunirse con sus familias, aunque eso pueda significar su muerte por la falta de tratamientos

Amal Omran entró en Gaza descalza. Había jurado que cuando pudiera regresar sus pies tocarían directamente la tierra que tanto había anhelado durante los 21 meses que pasó en Egipto. “Deseaba sentir el suelo de Gaza, después de la desesperación que me ha invadido durante todos estos meses, en los que no podía estar aquí”, explica esta mujer de 55 años, mientras recibe, sonriente, a las decenas de vecinos y amigos que la vienen a saludar y felicitar por haber logrado volver. La mujer los recibe en la tienda de campaña de su hija en Al Mawasi, zona en el sur donde está desplazada gran parte de la población de la Franja. “Aunque sabía que tendría que vivir en una tienda porque las bombas israelíes han destrozado mi casa, estaba desesperada por volver”, dice Omran, que tiene nueve hijos y 26 nietos.

La mujer forma parte del pequeño grupo de palestinos que han vuelto a Gaza tras la reapertura el pasado domingo del cruce de Rafah, que Israel cerró en mayo de 2024. Por ahora son pocos los que han podido regresar: 5 el primer día, 12 el segundo, 40 el tercero y 25 el cuarto, según cifras palestinas.