En su nuevo disco, la cantautora disecciona los problemas más acuciantes en EE UU (y en el resto del mundo) con el caos sociopolítico de fondo
El mundo va mal, pero al menos tenemos a Lucinda Williams. Es decir, Dios aprieta, pero no ahoga. World’s Gone Wrong, o “El mundo va mal”, es el título del nuevo álbum de la cantante estadounidense y, dentro de los grandes sinsabores y desastres que afectan al planeta, es buena noticia que aparezcan propuestas artísticas dispuestas a dar candor y, más difícil todavía, que lo hagan mirando de frente a los tiempos. Williams, una de las mejores retratistas emocionales del folk-rock norteamericano, ha compuesto un ...
disco en el que disecciona algunos de los problemas más acuciantes de EE UU y, por consiguiente, un poco de todos, aunque solo sea por el efecto rebote de la aún primera potencia.
Contar con esta cantautora, hecha a sí misma tras enfrentarse a la poderosa industria de Nashville en los ochenta y labrarse un brillante camino como forajida de verdades masticadas en duermevelas, es una especie de suerte. El mundo de la música aún, y quizá más que en otras décadas, necesita de artistas independientes, bardos y trovadoras de verso afilado y espíritu indomable para componer canciones capaces de despertar a las mentes adormecidas o agarrar de la solapa a los distraídos. Con World’s Gone Wrong, a través de una mezcolanza de sonidos de raíz, Williams lo consigue y saca a relucir un perfil Springsteen en plan working-class hero.






