El músico canadiense edita un disco de versiones del cancionero de Kurt Weill, grabado en directo con la Pacific Jazz Orchestra, y reivindica la vigencia de una obra nacida en la Europa de entreguerras

Son las diez de la mañana en Nueva York. Rufus Wainwright comparece puntual a la videollamada para esta entrevista, pero deja la cámara desconectada. “Aquí todavía es temprano y aún no estoy visible”, dice su voz desde la zona oscura de la pantalla donde aparece su nombre. Está inmerso en una breve residencia en el café del hotel Carlyle, donde, durante cinco días, interpreta canciones que aparecen en I’m a Stranger Here Myself. Wainwright Does Weill, su reciente disco de versiones grabado en directo con la Pacific Jazz Orchestr...

a. “Descubrí la música de ­Weill con 13 años. En realidad, lo que vi fue una portada en la que una mujer, con una imagen muy poderosa y unos dientes horribles, fumaba un cigarro. Era Lotte Lenya. Compré el disco por aquella portada. Luego, al escucharlo en casa, caí rendido ante las ambientaciones musicales creadas por Weill”.

Wainwright no es el primer artista proveniente del pop fascinado por el poder evocador del compositor alemán, que inició su carrera en la Alemania de entreguerras y tuvo que exiliarse en París y, posteriormente, en Nueva York. Lou Reed, Marianne Faithfull, Nick Cave y Marc Almond se lo llevaron a su terreno, y mucho antes que ellos, Rubén Blades edificó la archipopular ‘Pedro Navaja’ inspirándose en su ‘Mack the Knife’. “En sus letras, Weill hablaba de los marginados de su época, pero además sus canciones tenían un cierto deje pop, incluso un toque de rock & roll. Por eso me divierte tanto cantarlo. Tiene un sentido de la melodía que de repente te derrite el corazón, pero también puede ser seco, duro”.