El disco del verano incluye canciones de ocho, 10 o 15 minutos de duración, y en él se escuchan reflexiones tan desasosegantes como estas (traducidas del inglés al español): “No me preguntes por qué me odio mientras me deslizo por el desagüe. / Porque la muerte tarda demasiado, y no puedo esperar”. Al menos es el álbum del momento para los críticos de algunos medios especializados, que lo han encumbrado con cinco estrellas sobre cinco. New Musical Express apunta que estamos ante “un viaje artístico sombrío, pero hermoso”. “Un talento visionario”, ensalza Far Out Magazine. Otros contienen la euforia, como Pitchfork, que adjudica al trabajo un 6,7 sobre 10: “Escucharlo puede sentirse como un ejercicio de resistencia o una prueba de fe”. Willoughby Tucker, I’ll Always Love You se publicó el pasado 8 de agosto y lo firma Ethel Cain (Tallahassee, Florida, 27 años), una cantante transexual a la que miles de seguidores profesan un culto morboso porque ven estimulante su música lóbrega y su personalidad desgarrada y tenebrosa, una alternativa a las coloridas Eras de Taylor Swift.
Pero quién es Ethel Cain. Se podrían poner a ella y a los personajes que describe en sus canciones en un capítulo de la serie Euphoria: una joven en exploración de la identidad de género con querencia por las relaciones tóxicas, con episodios de crisis de ansiedad, casos de violencia y adicciones. Por algunas de estas situaciones ha pasado Cain. Encajaría también en películas como Carrie, La matanza de Texas o en libros de Stephen King o David Foster Wallace. Ethel Cain no es una estrella del pop al estilo de Taylor Swift, Sabrina Carpenter o Benson Boone. Ella no quiere ser una celebridad del pop de estadios. Sin embargo, expone inquietudes y quebrantos con los que muchos jóvenes se sienten aliviados.






