Trump, Meloni, Orbán, Putin, Milei y compañía felizmente limitada no son conservadores; son reaccionarios
Quizá por eso nos salvemos. No del todo, ya lo sé, pero un poco, apenas más que otros. Sí, corremos con la ventaja de no tener esa palabra, la que sintetiza lo peor de la conversación mundial contemporánea. En castellano no hay una palabra como again; para decirlo tenemos que juntar dos —otra vez, de nuevo— o caer en la tristeza del adverbio en mente: nuevamente, diríamos, por ejemplo. Pero nadie propondría un eslogan que rezara “Hagamos a España grande nuevamente”; no tiene ritmo, se tropieza, no suena a grande y menos aún a grande de España.
Y esto, decía, nos lo pone un poco más fácil. Again —que traduciremos de una vez por todas por “otra vez”— es la clave del desastre, la contraseña de estos tiempos de mierda: Make America Grotesque AGAIN. Que sea como antes otra vez.
Hay pocos cuentos más viejos y resistentes que el de la Edad de Oro; pocas personas que no hayan vivido años y años lamentándose por vivir en esos años y no en otros anteriores, superiores. Tantas creyeron que al principio había habido una edad maravillosa que la maldad del hombre, el rencor de los dioses, la astucia de la serpiente, la codicia de la mujer o cualquier otro cliché habían arruinado hasta llegar a esta basura: nuestras vidas. Insisto: no hay relato más insistente, persistente, inconsistente, estupefaciente que ese cuento para amargados que se creen que su único error fue no haber nacido en el momento justo —otro— y su única solución sería empeñarse en que alguna magia los devolviera a aquella era ya perdida, siempre perdida, como el tiempo.






