Ganador de la Cámara de Oro en Cannes, este drama social iraquí narra la aventura de una niña que busca los ingredientes de un pastel conmemorativo para Sadam Husein

La tarta del presidente nos sitúa en los estertores de la primera Guerra del Golfo, a principios de los años noventa. Según reza un texto introductorio, las sanciones internacionales han sumido en la escasez al pueblo iraquí pero, de espaldas a la realidad, Sadam Husein pide un esfuerzo colectivo para celebrar su cumpleaños. Estamos a 26 de abril, dos días antes de la efeméride. Obligada por ese grotesco mandato y ante el temor de un castigo del régimen a su familia, Lamia, una niña de nueve años, recorre las calles de Bagdad en busca de los ingredientes de un pastel, ya se imaginan, amargo.

Cámara de Oro del último festival de Cannes a la mejor ópera prima y premio del público en la Quincena de Realizadores, el filme de Hasan Hadi —iraquí de 37 años que vivió la dictadura, las sanciones y la guerra antes de estudiar en Nueva York— convierte la peripecia de Lamia en una metáfora sobre un pueblo castigado por todos los frentes; ya sean los caprichos del sátrapa o las penurias provocadas por los que supuestamente venían a salvar a su pueblo.