El polémico periodista aborda el problema real pero sin estadísticas fiables de las denuncias falsas aunque a veces avanza a brochazos y con una retórica burda

Frente a las llamadas a no leerlo, incluso a cancelarlo, Esto no existe, de Juan Soto Ivars, merece ser discutido. Su interés reside en que permite abrir, aunque no siempre invite a hacerlo, una conversación sobre un asunto que, cuando aparece en el debate público, lo hace de forma lateral o como arma arrojadiza: las denuncias falsas en materia de violencia de género y, a través de ellas, los efectos colaterales de un sistema diseñado para proteger a las mujeres que puede producir daños apenas reconocidos a algunos hombres. El feminismo ha construido buena parte de su tradición crítica señalando los efectos no previstos de los sistemas jurídicos sobre las vidas concretas; precisamente por eso, lo que el libro pone sobre la mesa no debería resultarle ajeno, incluso si el modo en que lo hace se ve lastrado por algunos de los problemas aquí señalados.

Esto no existe reúne numerosos datos y estudios —y acierta al explicar las razones por las que algunos datos resultan imposibles de obtener—, además de una amplia colección de testimonios. Quedan para una evaluación especializada la selección del material disponible, las posibles imprecisiones legales o la coherencia en el grado de contraste aplicado a los distintos casos mediáticos que trata. Más allá de estas cuestiones, sin embargo, hay dos problemas generales que atraviesan el libro.