El presidente del PP juega al anticatalanismo, pero asegura que no tiene nada contra los catalanes

Por lo visto, Alberto Núñez Feijóo quiere estar al caldo y a las tajadas con el tema de la financiación autonómica. Mientras por un lado cierra filas con sus barones territoriales en contra de la propuesta acordada por PSOE y ERC,

on-al-considerar-que-beneficia-a-cataluna.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/2026-01-08/feijoo-y-presidentes-autonomicos-del-pp-rechazan-ya-el-pacto-de-financiacion-al-considerar-que-beneficia-a-cataluna.html" data-link-track-dtm="">convertida ya en el principal caballo de batalla contra el Gobierno progresista de España en la densa primavera electoral que le espera, por el otro asegura que no está contra los catalanes, sino a su favor, porque son Sánchez y Junqueras los que les han utilizado y mentido. Un clásico: con una mano atiza el discurso del agravio territorial y con la otra procura disimular el anticatalanismo que tantos votos le reporta fuera de Cataluña porque sabe que es en ese territorio donde paradójicamente se juega gran parte de su futuro electoral.

Nihil novum sub sole. Feijóo no es el primer dios Jano del Partido Popular. También exhibió su doble rostro con Cataluña Manuel Fraga, quien acostumbraba a referirse a ella como una “región industriosa”, pero que amenazó con ocuparla emulando a Felipe V o a Franco, cogiendo el fusil de nuevo en caso de ser necesario. José María Aznar, antes de hablar catalán en la intimidad se dedicó a azuzar vigorosamente el anticatalanismo, hasta el punto de afirmar que el acuerdo de financiación de 1993 entre Felipe González y Jordi Pujol era para “quitarles varios miles de millones de pesetas a los pensionistas y a los parados españoles” para dárselos a Cataluña. Eran los tiempos en que todavía se coreaba bajo el balcón de Génova aquello de “Pujol, enano, habla castellano”, luego trocado en “Pujol, guaperas, habla lo que quieras” en la época en que los votos de CiU eran imprescindibles para la gobernabilidad de la derecha. Incluso, saliendo de su proverbial tancredismo y moderación, Mariano Rajoy, que acostumbraba también a ensalzar la tópica idiosincrasia temperamental del catalán (“hacen cosas, exportan, crean trabajo… la gente cumple. Me gusta Catalunya”), llegó a crear una policía patriótica para arruinar la vida a políticos catalanistas y adoptó las más severas medidas coercitivas contra la Generalitat desde 1934.