La fermentación de esta bebida permitió a la ciencia observar algo que hasta entonces era invisible: los gérmenes

Puede parecer una exageración, pero no lo es: la cerveza tuvo un papel indirecto, pero decisivo, en el nacimiento de la cirugía moderna. No porque cure, ni porque alguien la bebiera en un quirófano, sino porque fue uno de los primeros productos en los que la ciencia se detuvo a observar algo que hasta entonces era invisible. Ese algo, los gérmenes, cambiaría para siempre la forma en la que entendemos la fermentación, los alimentos… y también las infecciones humanas....

A mediados del siglo XIX, la cerveza y el vino se estropeaban con frecuencia. Cambiaban de sabor, se agriaban, se enturbiaban. Para los cerveceros era un problema práctico; para la ciencia, un misterio. ¿Por qué una cerveza salía bien y otra, hecha con los mismos ingredientes y procesos, se arruinaba?

Ahí entra en escena Louis Pasteur. Su interés por la fermentación no era gastronómico, sino científico: entender por qué fallaba. Al observar muestras de cerveza y vino al microscopio, Pasteur demostró algo decisivo para la época, culminando un debate científico que llevaba décadas abierto: la fermentación no era un fenómeno espontáneo, sino un proceso biológico provocado por microorganismos vivos, y que otros microorganismos distintos eran los responsables de que la cerveza “enfermara”.