Vista de varias cintas de entrega de equipajes en la Terminal 4 del Aeropuerto de Madrid-Barajas. EFE/Mariscal/Archivo

Almudena González |

Madrid (EFE).- Parece que las alas de su ondulada cubierta acabaran de echar a volar. La Terminal 4 del Aeropuerto Adolfo Suárez-Madrid Barajas cumple 20 años sin perder un ápice de vigencia y funcionalidad, fruto de la alianza de los estudios de arquitectura de Antonio Lamela y Richard Rogers, que comenzó con una (aparentemente) simple llamada de teléfono.

El 5 de febrero de 2006, Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA) inauguró la conocida como T4, que estaba llamada a ser un motor económico y una puerta a América desde el sur de Europa. Dotó a una España optimista y deseosa de estar en la vanguardia del mundo de una infraestructura aeroportuaria homologada con otros grandes aeropuertos, como el de Frankfurt (Alemania) o el de Ámsterdam-Schiphol (Países Bajos).

Pero además, es un icono arquitectónico, bello y funcional, con una estructura diáfana de hormigón armado cubierta por un techo ondulado de doble curvatura de bambú, que recuerda a las olas o a las alas de un ave en pleno vuelo.