La exministra de Exteriores cree que hay una responsabilidad política compartida en la matanza de civiles en Gaza y advierte contra el discurso de la resignación frente a Trump

Cuenta Arancha González Laya (San Sebastián, 56 años) que en 2021, cuando abandonó el Ministerio de Asuntos Exteriores, “el cielo estaba cargado” de nubarrones en el panorama internacional y que ahora “llueve torrencialmente”. Eran los tiempos de la “desordenada salida de Afganistán” y Rabat

get="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/2021-07-10/gonzalez-laya-sacrificada-para-reconciliarse-con-rabat.html" data-link-track-dtm="">la había sentenciado — “No hay ningún contacto con España”, declaró el jefe de la diplomacia marroquí“— tras descubrir que el Gobierno había permitido que el líder del Frente Polisario Brahim Gali fuera hospitalizado en Logroño cuando enfermó de covid. En plena crisis con Marruecos, su móvil fue hackeado. El cese llegó apenas 17 meses después de asumir el cargo, pero le dio tiempo a “dejar atada la negociación con Reino Unido sobre Gibraltar” y a realizar “una estrategia que aumentaba el compromiso de gasto en cooperación en África”, e impulsar “la diplomacia femenina”. Antes, esta abogada políglota (habla seis idiomas) que dejó el sector privado “para servir al interés público”, había sido jefa de gabinete del director de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional de la ONU, además de ocupar varios puestos en la Comisión Europea. Hoy es decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París.