Vinicius, sancionado para Mestalla, y Bellingham, lesionado, son de nuevo los jugadores más silbados al inicio por la grada, aunque sin la intensidad de hace dos semanas
Después de un año y medio viéndolas venir, el Bernabéu ha decidido que, de momento, no le va a pasar una a su equipo. Ante el Rayo, volvieron los pitos después de la noche pésima de Lisboa. El reproche no alcanzó los decibelios ni la intensidad de hace dos semanas contra el Levante, inmediatamente posterior al batacazo copero en Albacete, pero los aficionados insistieron en el reproche a los suyos. “Respeto mucho al público y siempre les voy a pedir su apoyo”, zanjó tajante Álvaro Arbeloa, que en la previa había pedido el ánimo de la gente y que luego solo se quedó en público con el empuje en el tramo final.
La realidad es que la relación entre la plantilla y la hinchada continúa en carne viva y, a la menor, asoma la crítica del empedrado. Solo en la carga final de los blancos, urgidos todas las partes por la necesidad, se aparcó la crítica y remaron todos en la misma dirección. El gol de penalti de Mbappé en el minuto 100 contra diez jugadores resultó el único alivio para los locales en otra sesión de penurias.
Silbados desde el calentamiento y cuando se anunciaron las alineaciones, los primeros minutos pusieron bajo el foco a Vinicius, de nuevo el más abucheado (se perderá el partido del domingo en Mestalla por tarjetas), seguido por Bellingham. El inglés, incluso, pudo sentir el reproche al retirarse lesionado (pinchazo en el isquio de la pierna izquierda), todavía con empate a cero. Valverde, Mastantuono, Huijsen y hasta Álvaro Arbeloa también estuvieron bajo la crítica del anfiteatro. El nuevo técnico evitó pronunciarse sobre los silbidos que se produjeron con tu nombre.






