Municipios como Calafell, Vilaseca o Vigo han comenzado a desplazar sus paseos marítimos como defensa ante la erosión y los embates del mar
En un país donde la tendencia desde hace décadas ha sido hormigonar y edificar hasta el último centímetro de costa, unos pocos municipios han empezado a hacer justo lo contrario para defenderse de temporales marítimos como los de las últimas semanas: deconstruir para dar más espacio a la playa. Representan un grano de arena en el hiperurbanizado litoral del país, pero son experiencias muy reales en las costas de Tarragona, Pontevedra, Castellón, Girona, Alicante... y, en algunos casos, ya han demostrado su eficacia frente a los embates del mar embravecido, una amenaza que se agrava con el cambio climático.
En el municipio de Calafell (Tarragona), se puede comprobar hoy en día el resultado de unas de las primeras deconstrucciones llevadas a cabo en el país. Allí se levantaron en 2024 unos 800 metros cuadrados de baldosas y hormigón de la plaza del Mil·lenari, en su paseo marítimo, y a pesar de tratarse de una obra pequeña, en la actualidad saltan a la vista los efectos positivos en una franja de costa mucho mayor. “Si vemos las fotografías de antes y ahora, se constata que donde no había playa, ahora la hay”, comenta Carla Garcia Lozano, investigadora de la Universidad de Girona que monitorea la regeneración de los arenales de Calafell desde 2020, primero con el proyecto europeo IMPETUS y ahora con DUAL.






