Que un niño empiece a mentir es signo de su madurez cerebral. Abordar la situación es fundamental para establecer un vínculo de apego seguro entre padres e hijos, además de poder redirigir la conducta del menor
El momento en que unos padres descubren la primera mentira de su hijo suele estar cargado de una mezcla de sorpresa, decepción y, frecuentemente, una punzada de preocupación. Las preguntan surgen de inmediato: “¿Que hemos hecho mal?”, “¿Por qué hace esto?”. Sin embargo, la ciencia del desarrollo ofrece una perspectiva
="_self" rel="" title="https://elpais.com/mamas-papas/actualidad/2026-01-20/como-criar-a-ninos-resilientes.html" data-link-track-dtm="">mucho más optimista y admirable. Lejos de ser un signo de malicia o un problema de conducta, la aparición de la mentira es un hito del desarrollo madurativo que indica que el cerebro del niño está funcionando correctamente. Es decir, es una muestra de que todo va justo como tiene que ir.
Cuando un menor comienza a mentir está demostrando que su cerebro ha alcanzado un nivel de desarrollo madurativo superior. Para construir una mentira, debe realizar un ejercicio cognitivo complejo: debe conocer la verdad, crear una realidad alternativa y exponerla ante los otros. Este proceso denota inteligencia y un desarrollo evolutivo adecuado.






