En su estreno, el fenómeno belga conduce a su equipo a casi 60 por hora hacia una victoria por solo 4s ante el conjunto de Iván Romeo

Cubiertos 11,9 kilómetros, a menos de minuto el kilómetro, cuando la ciaboga en la boya de mitad de camino, el Red Bull pierde 2s. Favorece al Movistar la lucha de piernas, corazón, y tecnología, los elementos que se miden en una contrarreloj por equipos con tanta exactitud que no hace falta ni IA para calcularla, tan medible todo, el viento en la ida y en la vuelta, los vatios de cada uno, el coeficiente de penetración aerodinámica de specializeds y canyons, de los cascos, de los calcetines de longitud y costura optimizadas en túnel de viento con vapores que hacen visibles las turbulencias, tan equilibrada la pelea.

Doce kilómetros más allá, solo un poquito más lentos, Remco Evenepoel, en su primera carrera con el Red Bull, en el estreno de su yo futuro, con su maillot arcoíris de campeón del mundo, asume relevos pantagruélicos, acelera, acelera, se traga el viento al que desafía con su perfecta esfera aerodinámica, y los demás, a rueda. Su equipo, la maravilla de la ciencia, y su motor maravilloso, remonta. Gana la prueba por cuatro segundos, 23m 55s contra 23m 59s. Alcanzaron una media de 59,710 kilómetros por hora, lo nunca visto, contra los 59,540 del mejor equipo español, maestro en la concepción del ritmo, y gran fortaleza final. Fue una inédita carrera de un día consistente solamente de una contrarreloj por equipos entre Ses Salines y Colònia Sant Jordi pasando por Campos, plana, plana, incluida en la Challenge de Mallorca.