“¿Cómo se hace 1.000 con los dedos?” Es la duda urgente que acosa a Remco Evenepoel un segundo después de que cruzara la meta Iván Romeo, ya bien sudado su flamante y ajustado efímero maillot amarillo. Le urge al fenómeno belga decir 1.000 de alguna manera ante la cámara que le enfoca en el cubículo del ganador de la etapa. El problema se lo soluciona un auxiliar del equipo que le tiende una camiseta azul con un 1.000 dibujado de tal manera que los dos últimos ceros forman el símbolo del infinito, hasta 1,000 y más allá, el número de victorias que alcanza con la suya de hoy el Soudal, el equipo de Evenepoel, que se quita la tirita que le abre la nariz y, viéndole así, juvenil, alegre y vulnerable, con el pelo rapado, la sonrisa llena, la cara mofletuda, despojado de su armadura, vulnerable, es difícil imaginar que es el mismo Buzz Evenepoel Lightyear, podría bautizársele, un animal de otro tiempo, un monstruo coriáceo, él y la bici todo uno, aerodinamismo perfecto, fuerza desatada y controlada, un reptil atómico con ruedas y pedales, que unos minutos antes destrozó por la carretera a los mejores ciclistas del mundo, a Tadej Pogacar, a Jonas Vingegaard, a quienes en el Tour le torturan llegada la montaña, y es el desaliento.
Lección magistral de Remco Evenepoel, que destroza a todos los rivales en la contrarreloj de la Dauphiné
Iván Romeo pierde el amarillo por 9s ante el fenómeno belga en un recorrido de 17 kilómetros en el que Vingegaard cede 21s y Pogacar, 49s







