TOUR DE FRANCIAETAPA 5
Pavarotti cantaba como comía o como respiraba, que como si fuera lo más fácil del mundo, abría la boca y de ahí salía un chorro de voz modulado, y hasta las piedras se derretían como hechas de mantequilla. Así, dicen, son los cracks, talento imposible, un don llamado vatios que fluyen y se manifiestan de forma natural en las pedaladas de Remco Evenepoel en una contrarreloj, el arte más alto del ciclismo, el corredor solo con su cabeza y sus piernas, un casco dorado olímpico con visera de astronauta, un mono arcoíris de campeón del mundo del reloj, y una carretera que devora contra el viento y a favor del viento a 54 por hora. Se clava en el sillín, deja caer los brazos en el manillar, extiende el tronco, se dobla por la bisagra de la pelvis y ahí se queda, fijo, y, como si fueran las de un autómata, las piernas se mueven autónomas, sin aire de esfuerzo aparente en su ligereza y fuerza, y a su alrededor el viento gira. Todos se quitan el sombrero a su paso, como si fuera un emperador, y lo es, y pasa volando, un ovillo que se ríe del aire en su bici dorada.
REMCO SMASHED THE CLOCK 💥@EvenepoelRemco explose le meilleur temps 🇧🇪#TDF2025 l @TISSOT pic.twitter.com/rzHnRTmnKy










