El reemplazo de Ferrero como técnico principal del número uno se abrió camino desde la base. Una ascensión atípica y marcada por la naturalidad y lo auténtico

La de Samuel López (Alicante, 55 años) es una de esas historias que merecen la pena, de autenticidad, con aires de lo cotidiano. Cada vez más excepcionales en el tenis. La de un hombre curtido en la sombra de la formación y la élite de los banquillos, alejado del glamour prototípico que envuelve la primera línea de un mundillo en ocasiones postizo, de apariencias. Él era, es y será Samu. A secas. Un tipo normal. Sencillo, afable y sin impostura alguna, conversa con los enviados especiales justo antes del entrenamiento previo al duelo de semifinales

tranger-things.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/deportes/tenis/2026-01-28/asi-se-supera-y-se-inspira-alcaraz-con-su-gente-de-el-palmar-y-enganchado-a-stranger-things.html" data-link-track-dtm="">con el alemán Alexander Zverev (4.40, Eurosport). “Gracias, gracias, gracias”, repite. Está de enhorabuena. Cuando Juan Carlos Ferrero salió hace poco más de un mes del equipo de Carlos Alcaraz, sonaron más y más nombres: ¿Murray? ¿Federer? ¿Agassi tal vez? ¿Y por qué no Nadal? El murciano (22) lo tenía muy claro: era él. Un currante. Con Samu al fin del mundo, defiende el número uno.