El pastor mexicano Sergio Amezcua dirige una operación solidaria con 4.000 voluntarios que da de comer a 16.000 familias ante el asalto de las autoridades federales. “Es una crisis humanitaria”
Cuando el pastor Sergio Amezcua se dio cuenta a principios de diciembre de que era inminente la decisión de Donald Trump de mandar a los agentes federales para lanzar una operación contra la inmigración en una ciudad (Minneapolis) y un Estado (Minnesota) en los que el porcentaje de migrantes es mucho menor que en otros, dirigidos por republicanos, le dijo a su asistente: “Tenemos que prepararnos. Habrá que ayudar a las familias, mandemos un mensaje en redes sociales”.
Amezcua pensaba que se iban a apuntar unas 10 o 20 personas. También, que la ocupación duraría unas dos semanas. “Respondieron 2.000 familias”, explicó el pastor el domingo por la noche en una entrevista con EL PAÍS en su iglesia a las afueras de Minneapolis.
Casi dos meses después de aquel doble cálculo errado, ya se han registrado en su programa de asistencia unas 28.000 familias, 16.000 de las cuales han recibido ayuda. La fenomenal operación ha cogido por sorpresa a todos, y ha probado la solidaridad de una ciudad en la que unos 3.000 agentes federales siguen desplegados. Han deportado o detenido a miles de personas y han matado a dos estadounidenses, Renée Good y Alex Pretti. Ambos, integrantes de un movimiento ciudadano que protesta contra una operación antiinmigración sin precedentes.







