Minneapolis encabeza este viernes la convocatoria de un paro nacional, mientras la Casa Blanca trabaja por mitigar los daños de la crisis provocada por las muertes de Alex Pretti y Renee Good
La campaña de control de daños de Donald Trump por la crisis de imagen provocada, también entre los suyos, por la operación contra la inmigración en Minneapolis se encarnó este jueves a primera hora de Minnesota (siete más en la España peninsular) en la estampa anodina de Tom Homan. El llamado zar de la frontera de la Casa Blanca adoptó un discurso menos agresivo que el de su predecesor, Gregory Bovino, y, con tono monocorde, explicó a la prensa que las autoridades federales, que han desplegado 3.000 agentes en este Estado del Medio Oeste, están “trabajando en un plan de desescalada”. El anuncio no impedirá que este viernes Minneapolis y otras ciudades por todo el país salgan a la calle para protestar contra el terror migratorio de Trump.
Al zar de la frontera lo mandó el presidente de Estados Unidos para calmar los ánimos y, como dijo Homan el jueves, “arreglar un problema” que, como es costumbre en él, ha creado el propio Trump. Ese problema se agravó exponencialmente con la muerte el pasado sábado en Minneapolis de un enfermero llamado Alex Pretti, al que unos miembros de la Patrulla Fronteriza mataron a tiros. Era el segundo ciudadano estadounidense en caer en el levantamiento de Minneapolis, después de que la poeta Renée Good también perdiera el 7 de enero la vida a manos de un agente del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas).







