El niño permanece en un centro de arresto junto a su padre en Texas. Su caso ha revivido el debate sobre las condiciones y duración de la detención de menores en Estados Unidos
Este martes se cumple una semana desde que Liam Conejo Ramos, un niño ecuatoriano de cinco años, fue detenido por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en Minneapolis mientras regresaba de la escuela con su padre. Las imágenes del menor, con su gorro azul y mochila de Spiderman custodiado por agentes federales, se convirtieron en instantes como símbolo de lo indiscriminado de la ofensiva migratoria del presidente Donald Trump en Estados Unidos, y reabrieron el debate sobre el tratamiento que las autoridades dan a los menores en los centros de detención de migrantes.
Si durante la primera Administración de Trump, este fue un tema central —en especial la separación familiar y los centros de detención para menores en la frontera—, en el primer año de su segundo mandato el tema del trato a los niños migrantes no se coló demasiado en el debate o en las protestas en contra de la política antiinmigrante del Gobierno republicano. Hasta ahora. A raíz del arresto del pequeño Liam y su padre en el Estado de Minnesota, las denuncias sobre la cantidad de menores en detención y las condiciones en las que se encuentran están en el foco de la polémica.














