El problema de la vivienda también tiene una dimensión moral: los propietarios son libres de no obedecer al mercado ni exprimir a sus semejantes. Algunos lo hacen
Circulaba por las redes un meme tragicómico. En la primera viñeta aparecía un señor, así muy agreste y random, supuestamente un casero, que decía: “No soy yo… ¡Es el mercado!”. Se refería a las subidas abusivas del alquiler... ¡Qué podía hacer él! En la siguiente viñeta se retrataba al “mercado”: era el mismo tío replicado al infinito, repitiendo la misma frase. ...
El chiste era simple y certero: el mercado sube porque mucha gente encarece los pisos escudándose en que el mercado sube. Hay presión, hay fiebre del oro, porque lo avisan los colegas en el bar (“¡Súbelo, no seas tonto!“) y aprieta el de la inmobiliaria (“¡La cosa está calentita!”). Porque el mercado no es una entelequia metafísica ni un Dios todopoderoso que dictamina la realidad: el mercado es un montón de gente tomando decisiones.
Supongo que el funcionamiento del mercado no es tan sencillo, y que obedece también a otros factores; pero el meme era agudo al señalar una dimensión del problema de la vivienda que no se suele señalar: la dimensión moral. La responsabilidad individual de los propietarios. Precisamente, para Marx, el capitalismo es el sistema en el que el capital pone a los seres humanos al servicio de su reproducción, y no a la inversa (recuerda al gen egoísta de Dawkins). Y, como vemos, hay quien es un perfecto sirviente de esa reproducción del dinero.






