El cadáver del religioso, muerto en su primer combate como guerrillero del ELN, permaneció desaparecido 60 años, tiempo en que su memoria y legado han sido reivindicados y disputados para justificar la lucha armada en el país
Una de las mayores preguntas sobre el conflicto en Colombia que más tiempo ha durado abierta ha empezado a encontrar su respuesta. Este viernes, a poco más de tres semanas de cumplirse 60 años de la muerte en combate del sacerdote guerrillero Camilo Torres Restrepo, un grupo de forenses ha confirmado el hallazgo y la identificación de sus restos, desaparecidos desde el momento mismo de su muerte en San Vicente de Chucurí (Santander), el 15 de febrero de 1966. La historia de una de las figuras más simbólicas de la lucha armada latinoamericana empieza a cerrarse.
Antes de convertirse en un símbolo de la lucha armada, Camilo Torres fue un sacerdote integrado en la vida intelectual y social de la élite bogotana de comienzos de los años sesenta. Bautizó a Rodrigo García Barcha, el hijo mayor de Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha, cuando el escritor aún era un periodista joven y cercano a los círculos universitarios de la capital. También fue elegido por Hernando Santos Castillo, entonces director de El Tiempo, y por su esposa Helena Calderón para bautizar a su hijo Francisco “Pacho” Santos. En ese mismo entorno famlia ofició otros sacramentos: el expresidente Juan Manuel Santos fue monaguillo suyo, a los doce años, durante el matrimonio de Marsha Wilkie Calderón con el economista Édgar Gutiérrez.






