A pesar de los brotes verdes de Marcos Fis, la selección cae frente a un rival muy superior y se despide del torneo

Tras ajustarse la guillotina al caer con Alemania y Noruega, España se jugaba su continuidad en el Europeo ante Dinamarca, el hueso más duro de roer. Y no se dio el milagro, desconchada la selección para explicar que ya no seguirá en la élite, descarrilada en la segunda ronda como hace dos cursos en la primera. Adiós prematuro y doloroso a la espera de que llegue a su punto de cocción la nueva generación, que, visto lo visto, tiene en Marcos Fis el mejor de los moldes.

Aunque el primer disparo de Pytlick, caprichoso, pareció llevar la contraria a la lógica porque tocó los dos postes para alejarse de la red, Dinamarca pronto explicó que es el espejo del planeta balonmano, que alinea tantas estrellas como buen juego. Así, tras el gol inicial de Garciandia, Jacobsen y Hansen voltearon el resultado para que Pytlick y Gidsel estiraran las distancias. No había tutía ante la selección danesa, anfitriona y actual campeona del mundo, también subcampeona continental.

Dinamarca no corría, esprintaba; Dinamarca no pasaba, anudaba: Dinamarca no saltaba, volaba; y Dinamarca no tiraba, ejecutaba. Así, al compás de Gidsel y Pytlick, un fino estilista de lo más eléctrico y otro rompecinturas de gatillo fácil, la selección danesa disfutaba en la pista, balonmano de infinitos quilates. Jauja para el espectador y tormento para un Sergey Hernández que por un día no encontraba las soluciones con sus molinillos de brazos y piernas. Pero entre todos se mantuvieron en pie, 14-16 para cerrar el acto.