El equipo de Íñigo Pérez juega en Primera, se clasificó para la Conference League y es un hueso duro de roer para todos los equipos… pero sus instalaciones son propias (o peores) que las de un club amateur

No perdió ni contra el Barça ni contra el Madrid. El Atlético necesitó un agónico hat-trick de Julián Alvarez para derrotarlo. La temporada pasada se clasificó para la Conference League, competición en la que se ha metido en la siguiente ronda como 5º tras completarse la fase de grupos, con cuatro victorias, un empate y una derrota. El Rayo Vallecano, que juega este sábado en Vallecas contra Osasuna (14:00, Dazn), está haciendo las cosas muy bien en lo deportivo, consolidándose como un Primera al que hasta los más grandes temen enfrentarse… El equipo va rodado, pero no se puede decir lo mismo del club y sus instalaciones.

La Ciudad Deportiva del Rayo Vallecano es un campo de batalla: superficies declaradas “no aptas”, césped afectado por hongos, zonas hundidas, campos con calvas y líneas borradas. Por ello, el primer equipo, para evitar lesiones, entrena casi siempre en el Estadio de Vallecas, de propiedad pública (el Rayo abona unos 80.000 euros anuales a la Comunidad de Madrid por su uso y está obligado a su mantenimiento). Una decisión que es, a la vez, lógica y absurda: cada sesión degrada el césped del lugar donde se compite, y provoca las protestas de muchos clubes a los que se enfrenta el club madrileño, aunque el último en quejarse fue el entrenador del propio Rayo, Íñigo Pérez. El técnico no se guardó una en la rueda de prensa posterior a la victoria del equipo madrileño ante el Mallorca, el último partido jugado en casa por el Rayo: “El terreno de juego no es digno. Me da vergüenza el césped y el estadio. No es un ataque, es una obviedad, el estado del terreno de juego es fundamental” explicó. “El jugador se siente inseguro y el balón no rueda como debería”, detalló.