El músico estadounidense, convertido en fenómeno social en su país, edita su sexto álbum, donde amplía su sonido hacia un rock más clásico sin renunciar a sus raíces ‘country’
Durante el verano de 2023, los medios estadounidenses detectaron un creciente problema de soledad entre los hombres de aquel país. Ya no tenían amigos. Ya no les gustaba nada. En menos de un mes, The New York Times publicó dos piezas tratando el tema: una hablando de lo complicado que parecía haberse convertido tener amigos íntimos y otra ofreciendo el pickleball como cura para esa nueva pandemia.
Un año más tarde, el asunto seguía candente y la forma de atajarlo aún pendiente de ser detectada. Hasta que el 4 de julio, coincidiendo con el lanzamiento de The Great American Bar Scene, el quinto disco del músico country Zach Bryan, The Atlantic sugirió que ahí tal vez estaba la cura para la soledad masculina contemporánea. Sonaba a chiste —no más que el pickleball, eso también es cierto—, pero certificaba un hecho ya ineludible: Zach Bryan se había convertido en un fenómeno musical y social. Iba camino de convertirse en aquel músico que surge en cada generación americana para tomarle el pulso al país y concluir que debe entrar en la UCI, en el frenopático o a cuchillo en algún país caribeño. En septiembre pasado, Bryan actuó en el Michigan Stadium ante 112.408 personas, el mayor aforo de un concierto que no fuera parte de un festival o gratuito de la historia de EE UU. Aquella noche, se facturaron cinco millones de dólares en merchandising.






