Los ganaderos advierten que no podrán cumplir con un aumento de la demanda de carnes rojas y lácteos, recomendados en la nueva pirámide alimentaria del Departamento de Salud, sin la mano de obra migrante

La Administración de Donald Trump quiere cambiar la dieta de los estadounidenses, porque, con más de un 70% de adultos con sobrepeso, considera que “América está enferma”. Así lo ha definido el Departamento de Salud (HHS, por las siglas en inglés), que el pasado 7 de enero lanzó las Guías Alimentarias para los Estadounidenses, unas recomendaciones del movimiento Make America Healthy Again (MAHA, que se traduce como Hacer a América Saludable De Nuevo), que potencian el consumo de los alimentos frescos frente a los procesados, predominantes en las mesas de millones de estadounidenses.

Las nuevas directrices priorizan el consumo de las proteínas, como la carne roja y la leche entera, lo que supone una victoria para las industrias cárnica y láctea y una derrota para quienes denuncian el daño medioambiental que causa el sector. Aparte de la controversia que crea el hecho de aconsejar la ingesta de alimentos censurados durante décadas por los médicos, la iniciativa se topa con un problema: las políticas antiinmigrantes de la Administración han causado una falta de trabajadores en los sectores ganadero y agrícola.